El Libro Susurrante
Theo adoraba los libros más que a nada en el mundo. Pasaba horas en la biblioteca del pueblo, rodeado de estanterías llenas de historias. Un día, mientras exploraba una sección polvorienta olvidada, un libro viejo y desgastado pareció llamarlo. No tenía título visible, pero en la portada sintió un suave susurro, pronunciando su nombre. Con curiosidad, Theo lo abrió, y un torbellino de letras brillantes lo envolvió, llevándolo a un lugar desconocido y mágico. El aire olía a pergamino antiguo y tinta fresca, y las estanterías se extendían hasta donde alcanzaba la vista. Todo era tan diferente que Theo se sintió emocionado y asustado a partes iguales. En ese momento, notó que el libro que había abierto desapareció de sus manos. A su lado, una pequeña criatura hecha de tinta se reía con picardía, moviendo sus pequeñas extremidades en un baile caótico. Theo no sabía lo que le esperaba, pero estaba claro que su aventura acababa de empezar y sería diferente a todo lo que había conocido hasta ahora.
El Encuentro con Tinta
La criatura de tinta, con una risita aguda, se presentó como Tinta. Explicó que Theo había sido atraído a la Biblioteca de los Cuentos Vivientes, un lugar donde las historias cobraban vida. Tinta era su guía, aunque admitió con una sonrisa traviesa que era un guía bastante impredecible. Advirtió a Theo que la biblioteca no era un lugar cualquiera, las historias en su interior podían cambiar e incluso desaparecer si alguien intentaba controlarlas. Le dijo que la Biblioteca tenía sus propias reglas, escritas en cada libro y en cada página. Era importante que escuchara atentamente y leyera con atención. Theo se sentía confuso y emocionado a partes iguales. Tinta saltó sobre el hombro de Theo, su cuerpo suave y húmedo contra su piel. Le dijo que para volver a casa, Theo tendría que encontrar la manera de escribir su propia historia dentro de la biblioteca. Él sería el protagonista de su propia aventura. Desde ese momento empezaría a comprender si realmente tenía el valor suficiente para lograrlo. Theo por primera vez sintió miedo, pero la emoción era mucho más fuerte. Con Tinta a su lado, Theo decidió aceptar el gran desafío de escribir su propia historia para poder regresar a casa.
El Laberinto de las Narrativas
Tinta guio a Theo a través de un laberinto de estanterías interminables. Cada pasillo estaba lleno de libros cuyas historias se entretejían y cambiaban constantemente. En un momento, se encontraron en una jungla exuberante sacada de un libro de aventuras, y al instante siguiente, estaban caminando por las calles nevadas de una ciudad victoriana. Tinta explicó que para encontrar el camino a la sala donde podía escribir su propia historia, Theo tendría que resolver enigmas y superar pruebas basadas en las narrativas de los libros. El primer enigma surgió cuando llegaron a una intersección con cuatro caminos diferentes. Sobre cada camino, flotaba un libro abierto que mostraba una escena distinta: un dragón dormido, una princesa llorando, un caballero luchando y un mago meditando. Tinta le dijo a Theo que solo un camino los llevaría a su destino, y que la respuesta estaba en encontrar la conexión entre las cuatro escenas. Theo observó detenidamente cada libro, intentando comprender el mensaje oculto. Tinta, impaciente, saltaba de un lado a otro, animándolo a pensar y no rendirse.








