La Llegada al Lago Cristal
El autobús escolar crujió al detenerse en el borde del denso bosque que rodeaba el Lago Cristal. Ethan, con sus gafas de montura gruesa deslizándose por la nariz, sintió un escalofrío, no por el frío, sino por la atmósfera inquietante del lugar. Maya, a su lado, ajustó su mochila con un gesto decidido, sus trenzas castañas rebotando. Los demás campistas, una mezcla de rostros ansiosos y emocionados, descendieron del autobús, sus voces resonando en el silencio inusual del bosque. El aire olía a pino y tierra húmeda, un aroma que, en lugar de ser reconfortante, parecía anunciar un secreto oscuro. El monitor del campamento, un hombre corpulento llamado Ricardo, reunió al grupo frente a un mapa desgastado. Señaló los senderos sinuosos que serpenteaban a través del bosque, advirtiéndoles sobre la importancia de permanecer juntos y respetar la naturaleza. Ethan y Maya intercambiaron una mirada preocupada; ambos sentían que algo no encajaba, que el bosque observaba cada uno de sus movimientos. Mientras montaban las tiendas cerca de la orilla del lago, una neblina delgada comenzó a deslizarse entre los árboles, envolviendo el campamento en un velo misterioso. El lago, normalmente cristalino, tomó un color turbio y amenazante, reflejando el cielo gris y opresivo. Ethan sintió una opresión en el pecho, una premonición de que este campamento no sería como los demás. Maya, siempre observadora, notó la dirección del viento, que parecía susurrar advertencias entre las hojas. Sin saberlo, estaban a punto de despertar un peligro que dormía bajo las aguas, un peligro que acecharía en la niebla y pondría a prueba su valentía y su amistad.
La Leyenda del Machete Silencioso
Esa noche, alrededor de la fogata crepitante, Ricardo contó la leyenda de Jason Voorhees, un niño que se había ahogado en el lago años atrás debido a la negligencia de los monitores del campamento. Se decía que su espíritu vengativo vagaba por el bosque, buscando venganza contra cualquiera que osara perturbar su descanso eterno. Los campistas escucharon con atención, algunos con escepticismo, otros con un miedo palpable. Ethan, aunque intentaba mantener la compostura, no podía evitar sentir un nudo en el estómago. Maya, sin embargo, se mostró particularmente interesada, haciendo preguntas detalladas sobre la apariencia de Jason y los lugares donde había sido visto. Ricardo describió a Jason como una figura imponente, vestida con harapos, enmascarada y portando un machete afilado. Su silencio era tan aterrador como su sed de sangre. Después de la historia, la mayoría de los campistas regresaron a sus tiendas, tratando de ignorar los crujidos y susurros del bosque. Ethan y Maya se quedaron un rato más, observando las llamas danzantes. Decidieron que la leyenda era solo una historia para asustar a los niños, pero ambos sabían que algo no estaba bien. El viento había aumentado, y la niebla se había vuelto más densa, haciendo que las sombras se alargaran y se movieran de formas extrañas. De repente, un grito agudo rompió el silencio. Provenía de una de las tiendas más alejadas. Ethan y Maya se miraron con horror, sabiendo que la leyenda, tal vez, era más que una simple historia. La pesadilla había comenzado.








